Mala Educación
Aparezco por aquí muy de vez en cuando, soy una blogger (me denomino como tal por tener un blog, no porque lo sea) maleducada y desconsiderada, egoísta incluso. Últimamente sólo vengo a vomitar, y si el código protocolario no me desdice, eso es de mala educación.
Expectativas. No hago otra cosa que pensar en esa palabra. Es tal el bucle de pensamiento que me he oxidado al escribir. Para mi escribir es como cazar mariposas o incluso, como ver estrellas fugaces: has de estar atento si no quieres que todos tus pensamientos se escapen, se diluyan y no los vuelvas a ver más. He olvidado cómo hacerlo, cómo lo hacía y lo terapéutico que siempre fue. Se me ha atrofiado la manera de comunicar, de saber qué me pasa, de transmitirte lo que quiero. Puede ser hartazgo, pero el bloqueo es real.
Si pudiera levantarme y gritarlo todo… Apartar de mí las buenas maneras, el optimismo, la condescendencia. Llenarme de furia y a la vez vaciarme por completo. Rebosarme, desatarme, olvidarme de todo. Quizás el problema en el flujo de comunicación resida ahí. Es tan denso el vapor en ocasiones, que su condensación tarda en desaparecer. Es más bien como una filtración que humedece hasta que al final lo rompe todo por completo. Siempre de una manera lenta y controlada, casi intencional.
Expectativas, nuevamente está ahí, rumiando en mi cabeza del derecho y del revés. Mi frustración hace que esa palabra se vuelque y se balancee sin rumbo como una barca a la deriva. Metas, decepciones, sorpresas… A veces me asfixio… Soy incapaz de tomar las riendas, parece que siempre es demasiado tarde. A veces la gente no me entiende… Probablemente soy yo la que no me explico. A veces me pesa todo tanto… La desidia me hace entrar en un estado hipnótico por encima del bien y del mal guiada por una inercia todopoderosa. A veces estoy triste… Me gusta sentir esa tristeza, lo preocupante sería todo lo contrario (en el fondo soy una optimista redomada).
En tiempo de crisis, no son sorprendentes las crisis existenciales, de personalidad, de proyectos de vida, de realización personal, emocionales, sentimentales, laborales, psíquicas y familiares. Si quieres jugar al juego tienes que aceptar todas las normas y si eso implica estar de puntillas parte de la partida, pues tendrás que hacer de tripas corazón y lanzarte al ruedo. Tengas o no tengas el depósito lleno, ganas, motivación, fuelle, energías... That’s life.
Esos cambios siempre implican dolor (dificultad al menos), y eso lo sé, como también sé que al final siempre queda un regusto dulce que vaticina algo mejor. Todo esto es para que me entiendas, aunque sea un poco. No es una justificación, aunque lo parezca; es más bien un borrador con afán de protagonismo.


Ay pocholita si yo te contara...tenemos un mega charla pendiente!!
desde el lejano Bentayga, Lady Harimaguada te acompaña... :)