martes 8 de junio de 2010

Cuestión de Fe

Con el tiempo he ido aprendiendo a ser selectiva con los momentos en mi vida. Según mi lista de años iba engrosando, mi filtro se iba empequeñeciendo, mi sibaritismo existencial ha ido en aumento, lo sé. Es por eso el abandono tal del blog, he decidido cambiar la estrategia y darle el valor que realmente tiene. Comprimo todo, lo mezclo y te doy lo mejor de mí, como un buen mojito pero en este caso canario.

Hacía tiempo que no sentía la imperiosa necesidad de escribir (y recalco lo de imperiosa ya que ahora mismo el ordenador aplasta mis queridísimos apuntes, los cuales debería estar metiéndome en vena en vez de escribir estas líneas). Hacía tiempo también que no sentía esta sensación como de fin de año, como de repaso anual y, por consiguiente, vital. Después de tanto “youtube”, siento la obligación de marcarme un "speech" que chute de motivación a aquellos pacientes lectores (si es que los hay) que siguen pinchando en mi pequeño ciberespacio preguntándose dónde y por qué; de exponerme un poco, porque de eso se trata.

Porque ha sido un año intenso, de esos que comienzan con una incertidumbre tal que de nada sirve asustarse porque no sabes ni tan siquiera si tendrás miedo.

Holanda me recibió con los brazos abiertos, tanto que tuve que hacer de tripas corazón para poder irme y hacer lo que debía, tuve que romperle (romperme) el corazón y rechazarla, por mi bien, por el de los dos. Con el corazón roto volví a la capital, donde siempre hay algo guardado para tí. Vagué durante dos meses cual vagabundo recordando la fortuna perdida y buscándole un sentido a todo esto, buscando donde tenía que estar, buscando lo que debía de hacer.

A base de ensayo y error, y de costumbre, mi pequeña coraza volvió a endurecerse, la humedad holandesa se filtró para adentro pero tuvo que secarse, ley de vida y cosas de climas de interior.

Ahora, con 26 años recién estrenados (inolvidables, gracias chicas!) voy corriendo, como en humor amarillo, como en aquella prueba en la que debías correr para cruzar un pantano por encima de unas piedras sin saber en cual te podías hundir, pero que si igual corrías muy rápido y sin miedo, podías incluso evitar hundirte aunque ese fuera tu sino. Cuesta abajo y sin frenos, así voy, pero con la fe suficiente de querer no hundirme en esa piedra.

Lo que pase después, ahora mismo no me importa (aunque debiera), he descubierto que la incertidumbre engancha, y eso me gusta. Esa fe es la que me mantendrá viva durante mi encierro. Corto y cierro.

  1. biiiiieeeennnnn ! has vueltooooooooo ! corto y cambio que tengo muchos "quereseres"

    gravatar Comment by Anónimo @ 10 de junio de 2010 00:19      
  2. me alegra que hayas agregado la palabra "intensaaaaaaaa" a tu vocabulario. estoy orgullosa.

    Te había contado que se me borró toda tu música y la de orsi de mi computadora (ordenador)

    Bu... pero siempre es bueno poder venir aquí y escuchar una poca de ella desde tu pequeño blog en el cual resucitas de vez en cuando

    gravatar Comment by la magia de la tl @ 29 de junio de 2010 04:21