lunes 23 de noviembre de 2009

Por defecto

Por defecto… Vivimos, amamos, comemos, reímos, lloramos, olvidamos, nos camuflamos entre el gentío para pasar desapercibidos, preconcebimos todo a nuestro alrededor, y por supuesto, nos equivocamos.

Sudamos, sufrimos, gritamos, pedimos, obviamos la necesidad de improvisar, del instinto más primario, del acto reflejo, puro, carente de filtro y por qué no decirlo, mágico.

Es la tara que acompaña al ser humano desde siempre… poder soportar lo insoportable. Camaleones que cambian la piel, el color, el sabor de las cosas… Es tal el olvido que ni tan siquiera somos capaces de encontrar su rastro, de saber si algún día existió. Es la fe en desdibujados garabatos la que nos consuela. Una vez desprendido y olvidado, ¿para qué?

¿Y si en medio de la vorágine abres los ojos? ¿Y si en mitad de tu camino te paras? ¿Y si por una vez, te saltas el guión y deslumbras al mundo con ese discurso inédito que permanece adormecido entre los pliegues de tu alborotada cabeza?

Si consigues ver un haz de luz, no lo pierdas. Si reconoces el sendero por el que caminas, sigue en él. Si recuerdas esas migas que soltaste una vez, encuéntralas. Si sabes dónde está tu norte, ve a por él.