Voy a hacer una propuesta.
No sé cuánta gente lee este blog, (realmente no lo quiero saber) pero hoy fruto del aburrimiento, se me ha ocurrido darle una vuelta de tuerca, y realizar un experimento interactivo (a sabiendas de que sé que no va a tener éxito alguno).
Aquí abajo, hay una recopilación de tres textos pertenecientes a una historia que se me ha ido ocurriendo. Va por rachas. La cuestión, es que a modo de sugerencia, aceptaré cualquier continuación que a cualquiera que desee participar se le ocurra; puede formar parte del personaje, de la historia, o de los dos. Y yo, cual pintor del renacimiento, hilaré dicha historia por encargo, en función de la sugerencia. Así, con cada vez. La primera sugerencia será la aceptada. Es una manera de recuperar del olvido la maravillosa idea de los libros "Elige tu propia aventura" pero con mayor libertad aún. Casi a modo de homenaje :P
Así pues, no será algo que ocurra todos los días, pero una vez al mes, continuaré la historia. De vosotros depende que mi atrofiado talento estropee la historia o elegir a vuestro antojo, como con casi todo hoy en día, qué va a ser lo siguiente. Creo que al final me he contagiado de estos movimientos comunitarios propios del S.XXI...
Queda dicho, mi botella queda lanzada al mar del ciberespacio. Mientras tanto, haré algo de tiempo dando una vuelta en bicicleta...
"Siempre fue una chica despierta, terriblemente curiosa, de ojos bien abiertos y sonrisa estampada.
Pero ese día la maleta que llevaba a cuestas aletargaba sus movimientos y apagaba su mirada. Su destierro era voluntario, pero ella sentía que en el fondo algo la obligaba a marcharse, como una maroma. Un deseo irrefrenable había nacido.
Le encantaba el cine. Podía pasar tardes enteras desconectada de todos encerrada en su cuarto con unos cuantos dvd's. Siempre por ciclos. Le parecía un sacrilegio otro ritual alternativo. Rohmer, Bergman, Fellini, Tarantino...Era incansable. Por ello se empeñaba, sin ella saberlo, en vivir su vida arrastrada por decisiones que sólo son óptimas en vidas ajenas, de personajes ficticios, de esas que ya están ensayadas.
Era cabezota y maniática... Una mezcla un tanto explosiva.
Si realmente existía otra cosa capaz de igualar al cine en importancia vital, era el mar. Se levantaba y acostaba con él. Parecía como si, sus sucesivos cuerpos en evolución, estuvieran hechos de hidrógeno y oxígeno, de sal y algas. No sentía especial predilección por la naturaleza pero el mar... podía entretenerla durante horas.
El reloj de la estación marca las 17:45. Buena hora para tomar decisiones (pensó). Y ahí estaba ella, ladeando su cabeza con una satisfacción extraña, insegura, en busca de alguna mirada cómplice que le alentara a seguir. Su indecisión se acrementaba a la misma velocidad que el tiempo volaba esa tarde fría de otoño. Revolvió entre sus cosas buscando un cigarro, aunque más bien buscaba una coartada.
Una calada... tres caladas... cinco caladas...
En apenas tres minutos su cigarro se había evaporado. Fue entonces cuando, como si un espíritu la poseyera, descruzó sus piernas, dejó que su vestido de entretiempo jugueteara con el viento y avanzó. Avanzó tanto que olvidó de dónde venía. Mas que importaba eso. Quería olvidar y un destino, no un origen. Posó sus manos agrietadas por el frío y tras un largo suspiro, lanzó una moneda al aire. Sin ella saberlo, su propio ciclocomenzaba. Se convirtió, sin quererlo, en una de esas actrices a las que tanto envidiaba.
Cerró fuerte los ojos cuando la moneda volvió a su mano. No sabía qué abrir primero. A pesar de las inclemencias otoñales, el sudor invadió su cobarde mano.
Ya eran las 17:53, la decisión estaba tomada. Tan sólo una pequeña vocecita interrumpió el ensimismamiento de Gala (ése era su nombre, por culpa de su madre y de Dalí), y que cambiaría por completo la nueva vida que estaba a punto de comenzar..."
... "¿Para dónde vas? Llevo observándote un rato y creo que estás más perdida que yo entre tantos andenes."
La voz provenía de una anciana extrañamente jóven, de mirada amable y apenas 1,50 de estatura. Gala meditó durante un instante si responder, tenía cierto reparo en hablar con desconocidos. "Aún no lo sé" recordando en ese instante la moneda que sostenía en su mano.
Tras una breve pausa, un hilo de voz tan fino como una telaraña salió de su boca. " ¿Usted cree en el destino?"
" Supongo que algo debe de haber, sería triste pensar lo contrario. Recuerdo que mi madre nos solía decir que todo ocurría por algo. Eso es el destino, la casualidad preestablecida, ¿no crees?" Replicó la anciana.
Gala asintió, mientras en su silencio no hacía más que preguntarse cómo demonios aquel extraño personaje pudo dar en la diana de sus pensamientos.
En un arranque de pasión, como en las películas, esas que a Gala tanto le gustaba ver y de las que estaba más que empapada, abrió la mano y miró. Estaba decidida, su destino iba a cambiar, y asumía sus consecuencias. Se tiraba sin red y sin remordimientos. Así, sin más, sin remordimientos...
Abrió la mano. Cruz. Por un momento, sintió dejar de respirar, que el mundo se paraba. Como un alud, un torrente de emociones y pensamientos cruzaban ágiles la mente de Gala.
“Bueno, esto debe de ser una señal, cosas del destino supongo” musitó para sí misma, mientras le regalaba una sonrisa cómplice a la anciana. “Si no es indiscreción, ¿usted para dónde va?
La anciana, que aún miraba atenta la mano abierta de Gala, levantó su cabeza y con un aire de compasión respondió: “A Bucarest. Al final no me...” “Yo también.” Respondió rápidamente, sin dar opción a que la anciana terminase su frase.
El pulso de Gala se aceleraba por momentos, iba guiada por una fuerza, que sin ella quererlo, la arrastraba, como una maroma hacia lo desconocido. Adiós a la rutina, adiós a lo establecido, adiós a vivir vidas ajenas pegada a un televisor.
Con una naturalidad propia de un trotamundos, Gala se dirigió al hall de la estación para comprobar, en contra de las reiteraciones de la anciana, que prefería preguntar al conductor, a la antigua usanza; el andén y la hora del próximo bus destino Bucarest.
“Hemos tenido suerte, el próximo es dentro de 15 minutos. Eso sí, el viaje es muy largo.” “No te preocupes, no es mi primera vez, pero es cierto que ya estoy algo vieja para estos trotes. Espero que tengas una buena historia que contarme, porque con tantas horas de por medio, dormir no puede ser mi único pasatiempo”. Gala sonrió para si misma. ”Espero lo mismo de usted.” “Puedes tutearme… ya que vamos a pasar tanto tiempo juntas, será lo mejor. Mi nombre es Leonor.” “Gala. Encantada. La invito a un café, que aún tenemos algo de tiempo antes de subir al autobús. Así, puedo comenzar desde el principio la historia que le amenizará el viaje” Leonor sonrió ante la picardía de Gala y con un resoplido entre dientes, hizo el ademán de dirigirse hacia la cafetería.
Y así comenzó el principio. Fruto del destino… la casualidad preestablecida.